domingo, 17 de octubre de 2010


Extraño es el hombre en sus formas, bestia de carne que envidia la belleza de lo natural. Pobres copias de cáscaras deshechas, odio opaco en amargos trances.
Los ojos de la tierra observan su clamor, todo lo que ustedes construyeron ya habitaba en perfecta armonía. Ella, infinita.  En su labor genérica dotaba al mundo con el primitivo origen. Humanoides, Adefesios sin conciencia, espesos  en su muerte,  malditos con el dolor. Obstinados severamente en sus apariencias. Represión del espíritu establecen en cada tarea. Todo lo han destruido por ese anhelado bien progresista, despreciando el valor absoluto que nace de la tierra.
A diario en sus ojos muertos les  nace un humano cautivo, limpio es el lenguaje de los arboles, limpio los gritos de las flores, paraíso de las quejas su lenguaje, el acento grafico son  sus golpes.  La tierra les ha guardado respeto, de un solo toque caerían aniquilados. Ignorancia es lo que comen, en ignorancia lo convierten. Insensata es la fase que denominan vida, placebo inerte, robots de carne, leve construcción azarosa. El amanecer de fuego levante sus ojos y la muerte les llegue en apremio a su deshonra.