Extraño es el hombre en sus formas, bestia de carne que
envidia la belleza de lo natural. Pobres copias de cáscaras deshechas, odio
opaco en amargos trances.
Los ojos de la tierra observan su clamor, todo lo que
ustedes construyeron ya habitaba en perfecta armonía. Ella, infinita. En su labor genérica dotaba al mundo con el primitivo
origen. Humanoides, Adefesios sin conciencia, espesos en su muerte, malditos con el dolor. Obstinados severamente
en sus apariencias. Represión del espíritu establecen en cada tarea. Todo lo
han destruido por ese anhelado bien progresista, despreciando el valor absoluto
que nace de la tierra.
A diario en sus ojos muertos les nace un humano cautivo, limpio es el lenguaje
de los arboles, limpio los gritos de las flores, paraíso de las quejas su lenguaje,
el acento grafico son sus golpes. La tierra les ha guardado respeto, de un solo
toque caerían aniquilados. Ignorancia es lo que comen, en ignorancia lo convierten.
Insensata es la fase que denominan vida, placebo inerte, robots de carne, leve
construcción azarosa. El amanecer de fuego levante sus ojos y la muerte les
llegue en apremio a su deshonra.